John Stuart Mill.

Para el filósofo John Stuart Mill la definición de naturaleza significa la suma de todos los fenómenos junto con las causas que los producen incluyendo todo lo que tiene la capacidad de acontecer en ese tiempo; asociando con ello, pues, moral con naturaleza. De ello, habría que destacar su horizontalidad determinista. Una extensión que como producto de facto implica un fin programático. Sucede, además, que si por algo es conocido este filósofo victoriano es por su filosofía de la religión pero; ¿que pasaría si esa representación de la que habla Mill a propósito de la naturaleza, no fuera tal?. ¿Que pasaría si detrás de todo este positivismo partisano no hubiera tampoco nada?. Entonces, no existirían fenómenos posibles ni serían posibles causas en relación a ello. Así, frente a ese posible mundo habría que situar la escena en un plano existenciario para saber a donde nos lleva ese conductivismo, antes incluso de ponerse a hablar de causas y fenómenos. Con esto, entiendo que Mill es un producto de su sociedad, de esa sociedad victoriana limitada, retrógrada y bienintencionada. Sus conclusiones son deductivas, pero sólo desde el ideal de la presunta objetividad fáctica. Frente a ese panorama no existe tal efectividad del yo sino más bien su disolución.
A Stuart Mill le sucede un poco como a Augusto Compte. Ambos son filósofos que urgan a partir de la ilustración en post de una filosofía moral y pseudoreligiosa tan en boga en esa época. De ahí emerge, porque no decirlo, una nueva fase en la historia del pensamiento a partir de la idea de cooperación y trato igualitario. Aunque esta síntesis ecuménica consigue alejarse de la idea jacobina de la fraternidad y el terror, olvida Mill que la igualdad no es un fin sino un medio y que el contrato social no es una prolongación infinita del bien común sino más bien su consecuencia ilustrada. Pese a ello, hay algo que reconozco en Mill, y es la aparición en escena de un humanismo renovador a partir de la idea de libertad individual desde un enfoque descriptivo.
Como buen liberal (pese a que el decía que era socialista) se suma a los hechos en positivo, cuestionando en todo momento un derecho natural incapaz de vertebrar un nuevo estado de cosas. Pese a ello, tenemos el ejemplo norteamericano de una sociedad atomizada donde se presenta la polarización como una excelencia psicológica frente a ese dualismo liberal ya a todas luces caduco. Por eso mismo, Stuart Mill aparece como un filósofo afable. Su grandeza consiste en haber operado a partir de un punto neutro habiendo extraído de ello sentido. Se trata, evidentemente, de un modelo reformista que se puso en práctica no hace mucho tiempo en casi toda Europa (y con el consenso norteamericano) y que aún dura.
En Mill, es el individuo quien supera su propia condición aunque eso no responda del todo al gran dilema que se plantea a ese mismo individuo a partir de su propia contingencia. Será, más tarde, el marxismo quien acabe planteando seriamente el problema desde su inquebrantable fe contra el idealismo. Con este filósofo el contexto es otro, ya que su planteamiento es posibilista y sociabilizante. Así, ya entrados en el siglo XX, la nuevas ciencias y artes plantean las mismas cuestiones que en la época de Mill. Pero como me imagino que para muchos esto es sinónimo de no saber hacia donde va ese ideal, presentaré esta cuestión de la siguiente manera: es necesaria la proyección empírica pese al dilema materialista de la época y de sus planteamientos historicistas.
Para el Mill economicista, el actuar era estar allí donde fuera necesario. Para que ello fuera posible era fundamental la libertad individual. A partir de aquí, queda probado en cierta forma un funcionalismo (muy alejado ya de las tesis materialistas) inherente a la condición moderna y al encaje de todo individuo a ese sistema. Mi objeción estaría en el supuesto hecho emancipatorio que para mi no es tal, ya que se cae en la trampa de pensar que es la función quien determina esos objetivos cuya naturaleza, por otro lado, estará sujeta a otros condicionantes de naturaleza deductiva que diluirán su efecto a la larga.Me refiero, claro está, al hecho de nuevas conciencias ya incipientes que lo que harán es prolongar el devenir en su propio provecho..
Por tanto, la cuestión de la representabilidad no está solucionado en Mill aunque ello no implique en principio perder ninguna de las características propias que hicieron posible esos mismos conceptos liberalistas, que luego utilizó la modernidad, in situ, al establecer sus propios paradigmas.Si alguien se tomara el trabajo de ver en todo esta avatar moderno, más allá, de lo evidente una nueva plataforma desde la que operar sin revisionismos, tal vez seríamos capaces de destilar un contrapunto a esa trayectoria un tanto vacua, ya, a estas alturas.Añado a ello, el carácter prescriptivo de las culturas anglosajonas un tanto vapuleadas.