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Orígenes museísticos en Cataluña. (3)


Nos referíamos, en la primera entrega de esta serie dedicada a los orígenes museísticos en Cataluña, al concepto mismo de origen y, dentro del marco de esta idea al criterio de evolución, progreso y devenir que se va formando en la sociedad catalana (desde el mismo parecer tribal, hasta la postmodernidad de hoy), junto con la idea de lo identitario, también, para el caso hispánico. Tomando el ejemplo de la filosofía natural romántica alemana en autores como Schelling u Oken, las formas evolucionan a partir de formas primitivas. Para José Ferrater Mora esta idea implica, además, transformación ya que insistía con Hegel en la idea del proceso implícito a dicho devenir. El mismo autor, José Ferrater Mora, alude a la posibilidad de "una filogenia de formas culturales" dentro de la propia cultura.


Esto, de momento, lo dejamos así, lo que de verdad me gustaría retomar es nuestra línea de investigación a partir de dos lecturas que he hecho recientemente. La primera obra es de Julius Von Schlosser: "Las cámaras artísticas y maravillosas del renacimiento tardío" publicada por Akal donde aparecen bajo un enfoque psicológico e histórico-cultural aspectos centrados en la propiedad personal y el impulso coleccionista mezclado con lo que el autor llama "elemento espiritual" (vanitas, placer de la posesión, prestigio, poder, etc). Así, este conjunto de "propiedades" se contempla como una proyección del caudillaje y del poder manifestado a través de la acumulación de tesoros. Schlosser sitúa, por ejemplo, a la cultura negra como una civilización joven habituada a la propiedad (propiedad entendida como conquista) y transformada en "adorno". Desde este punto nos desliza progresivamente hacia el criterio de museo, y de cómo todos estos orígenes profanos se mantienen de forma natural hasta bien entrado el siglo XIX.



Asimismo, repasa aspectos fundamentales como: ajuar mortuorio, la divinidad en función de la vida nacional y el culto de un pueblo o, la fundación de las primeras colecciones artísticas y pinacotecas (reyes de Pérgamo, tolomeos de Egipto) en parte fundadas en aspectos históricos. Un enfoque en el que él autor ya reconocía la estatalización de las propiedades artísticas romanas en la figura de Marco Vipsanio Agripa, y que tiene su continuación en diversos aspectos relacionados con la economía romana de la época (participación del Estado en obras públicas, etc). En este sentido y, en lo referente a Cataluña, el salto cualitativo lo da la iglesia en forma mucho más unilateral bajo la premisa de la reconquista y la necesidad de repoblar las tierras incautadas con ayuda de las órdenes religiosas. Cancillería e iglesia pasan a ser los valedores de los grandes bienes nacionales y, con ellos, el destino que aguarda a los tesoros musulmanes, clásicos y visigodos recuperados. En la misma medida, se irán sumando "las fábulas de la historia natural medieval y de geografía, de tradiciones y leyendas" (Schlosser). A partir de aquí, pues, es posible reconstruir un pasado guerrero del país donde se atesoran los trofeos de batallas, y se recupera el rol geopolítico bajo un principio de legalidad y consenso. Pensemos que el autor muere en 1938 (nacido en 1866) y estas visiones, digamos, orientalistas, se van diluyendo, poco a poco, hacia posiciones más "contemporáneas" en los márgenes de la trasnochada historiografía cartesiana (tanteada, eso si). Sin embargo, en lo que a nosotros nos concierne este factor, queda mucho por decir (y decidir), ya que una de las peculiaridades de la historia es precisamente su estratificación. Pero, hecha esta pincelada, pasemos a otra cosa.

Así, para contextualizar un poco el concepto de patrimonio los expertos recomiendan alejarse siempre de tentaciones holísticas. Eso se soluciona, creo yo, a partir de representaciones apriorísticas, aunque ello signifique la idea histórico-decimonónica de un divide et impera que abarque desgraciadamente, en nuestro caso, la historia del patrimonio catalán desde demasiados flecos y cuestiones sin solucionar. Sería recomendable, en ese sentido, una obra generalista como la lectura del libro de Maria Bolaños "Historia de los museos en España", ediciones TREA, S.L., cuya primera alusión, por parte del editor, gira en torno a "las lagunas del lector español en lo relativo a las grandes líneas históricas del coleccionismo y del museo en un plano mundial". Ello sugiere que frente a tamaña responsabilidad patrimonial muchos intelectuales y responsables de museos puedan caer, a veces, en escenificaciones más o menos plausibles y reduccionistas, casi siempre.

En este sentido, podemos seguir abstrayendonos, bien, encontrando hechos diferenciales o aspectos en común con otras culturas, conclusión, esta, que extraemos si pensamos que un museo es antes que nada una actividad cultural, aunque esto signifique que podemos desplazar esta metafísica hacia unos intereses que no siempre quedan claros. Tal y como apunta Giovanni Prevateli en "La periodización del arte italiano" (nuestro segundo libro): "La primera decisión que debe afrontar el historiador en el preciso momento de elegir el tema de su investigación es la del punto de partida y de llegada de la narración y la subdivisión interna de esta" o, dicho de otro modo, "la adopción de soluciones diversas acerca de las periodizaciones implica definiciones diferentes del objeto a investigar". Lo que él llama "sentido de las distinciones", siempre y cuando exista una regularidad o un factor de modernidad significa, también, periodización (pone el ejemplo en clave crítica de la restauración monárquica en el periodo de la primera mitad del siglo XX en el marco de una continuidad influida por intelectuales católicos, y su relación hacia el gusto por lo medieval). Una periodización que puede vascular y distorsionar la especificidad historiográfica en relación a la vida civil, política y económica de un país. Sin embargo, es la dinámica social antes que su hermenéutica el polo de atracción en este caso. Precisamente, Prevateli en esta obra resuelve un ejercicio de síntesis cuando dice que a la historia del arte no le basta con destacar los estilos para configurar un discurso, sino, que ello se debe más al ámbito vital del momento y de la época. Cuando nos descubre el carácter "progresista" del renacimiento no lo hace desde un optimismo vacío, sino sopesando muy bien el calibre y alcance de dichas articulaciones y producciones culturales más allá de su estilización.


Hasta ahora, he intentado plantear un vocabulario mínimo de propósitos, en relación a lo que estamos hablando (identidad, origen, patrimonio, historia, memoria, interpretación, individuo, determinismo, situación, evolución, significación, espíritu, valor, forma, norma, conciencia, divulgación, ocio...). Tras ello, me gustaría acabar con una cita de Nuria Sanz Gallego de su "Para un concepto Integral del patrimonio": "El concepto de Patrimonio ha sufrido cambios muy notables: comenzó designando objetos determinados, para pasar más tarde a ampliar su significado y sus implicaciones, su contexto, urbano, histórico, natural, y este no tiene sólo que ver con los aspectos históricos-artísticos de la conservación, sino también con los económicos, sociales y culturales, dentro del marco de la conservación integrada". Una vez allanado este camino, es hora de sacarle provecho. A partir de aquí, la historia del desenvolvimiento social, será también, la historia del desenvolvimiento del individuo, y del conjunto de sus posibilidades.



Bibliografía:

- Nuria Sanz Gallego, "Para un concepto Integral del Patrimonio". En "La Cristalización del Pasado: Génesis y Desarrollo del Marco Institucional de la Arqueología en España". Servicio de publicaciones de la Universidad de Málaga. 1997, Málaga. En versión digital.


 
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