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La condición humana.

Este cuadro se titula La Condición Humana y es quizás, por ello, que he querido relacionar este título con un concepto, en cierta manera, litúrgico y, por ende, conceptual, puesto que considero esta obra como explícitamente abstracta. A partir de aquí, atiendo al concepto de que toda cultura tiende a metamorfosear cuestiones de diferente naturaleza. Por otro lado, esta circunstancia hace que sea normal encontrar relaciones entre signos que deriven hacia un contenido artístico, filosófico o, puramente, científico (el ser es lo señalante, decía Heidegger). Naturalmente, lo que se espera de ello es que surjan nuevas imágenes contínuamente, que confieran un valor a ese esquema, que se nos ofrece como marco único de oportunidades a partir de un horizonte empírico (o, en este caso, fantasioso). Con esto, quiero decir, que no basta con deambular por una u otra corriente categorial, sin que exista un mínimo de roce entre sus partes. No, al menos, desde una indeseable representación tomista. En este sentido, muchos intelectuales actúan con la esperanza de un desarrollo futuro que, evidentemente, nunca llega.

Lo que hoy presentamos no es una huida, sino un proyectarse hacia adelante. No es parte de un desarrollo fractal con un devenir lógico, sino la consecuencia de pertenecer a un simbolismo eónico que se sabe que no tiene salida dentro de esa misma lógica. Hará falta, pues, algo más que la pura intuición, o la pura negación performática del acto temporal, tal y como hacen nuestros críticos más reaccionarios (que, además, son o pretenden ser los grandes paladines de nuestra modernidad) para consensuar algo coherente en este mundo de luces y sombras. Pero hagámonos, con ello, esta pregunta: si lo que se pretende es estructurar un saber o una investigación, ¿cual es el desarrollo lógico de ese saber o de esa investigación?. Aquí, el problema es que se ha pretendido y, se sigue pretendiendo, vincular diferentes formas de conocimiento a una sola forma de expresión. Y, siempre, desde el descrédito. Como si este, se retro-alimentara en el caos iniciático. Un carro del que ir tirando, cuyo conductor, en definitiva, es un impostor o un loco al volante.

El caso, es que hay pocos que vayan superando esa prueba o que, simplemente, resuelvan el problema desde el atajo y el ninguneo. Sin embargo, el ajustarse a la racionalidad para evitar lo imprevisto, no es la solución. Cuando un artista se relaciona con el mundo exterior sucede, exactamente, lo mismo. Por ende, el mundo de nuestros periodistas o nuestros políticos, es un mundo que se resuelve en poco o nada. Nuestra herencia oral, de pacto, grupal (conformado, normalmente, a base de una histeria corrompida y pseudo-primitiva), son algunas de las causas de ello. Y cuando alzamos, en ello, la vista se nos aparece el vacio. Nuestro horizonte ya no es unidireccional (ni, tampoco, demiúrgico). Nuestro monoteísmo, no es tal, y no es que entremos de nuevo, así, en el politeísmo o el animismo; es que, simplemente, esa idea ha pasado a ser otra cosa. A perdido, en definitiva, su peso escatológico en nuestra sociedad. Y lo ha hecho, además, por consenso universal.

Y, ¿que tendrá que ver la pintura, con todo esto?. Pues, mucho. Toda pintura, sea esta automática, abstracta, conceptual o figurativa, cumple una función. La nueva estética (la modernidad, la postmodernidad...) es sólo un ápice, de todo ello. Aquí nos referimos, únicamente, a sus causas primeras y últimas y, también, a su cuerpo doctrinal. A todo eso, que hace que se muevan las cosas, en una u otra dirección. Así, toda obra ha de estar protegida por un cuerpo doctrinal, que responda por ella, sea este de la naturaleza que sea. Como decía Alberto Cardín, al que tuve como profesor: "Reconociendo este hecho, se trata tan sólo de firmar el aval (un texto mágico, lo que sea: runas, glifos, frases rituales que no se leen ni se entienden) para acompañar el acto social de la mostración semi-religiosa de unos cuadros que valen por la voluntad de ser- y el reconocimiento social de este kunstwollen- y por lo que verdaderamente son o representan".

En esta pantalla formalista del arte (por decirlo, de alguna manera), me gustaría que me situaran algún día. Como, queriendo desdoblar la historia y, de paso, sus raíces imaginarias.

 
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© 2014 Manel Vallès

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