El principio de oposición. La objeción de conciencia.
- Manuel Vallés Plasencia
- 26 sept 2014
- 5 Min. de lectura

Según los doctos en la materia la objeción de conciencia es un derecho fundamental en el orden de las cosas naturales (aunque esto, no siempre haya sido así) y, como tal, funciona de forma autónoma. Se espera con ello que la liberación de los hombres consista en la plena conquista de un determinado proceso de objetivación. Es, asimismo, el inevitable esquema de lo objetivo que se opone a lo subjetivo en el que se exige al sujeto un esfuerzo por aplicar la debida reflexión crítica teniendo en cuenta las relaciones funcionales que pueda haber en cada una de esas realidades que se vayan presentando.
En estos momentos de conceptualización postmarxista olvidamos un dato importante, el de la concreción más allá del análisis de toda propuesta. Esa forma de subsistencia material propuesta por Marx en su contexto histórico, separando claramente el proceso natural del hombre del de la alienación en su marco social es evidente que ha de encontrar una salida y tener una continuidad. A partir de aquí empieza un juego euclidiano de proposiciones, axiomas y postulados siempre desde un principio de geometria intuitiva bastante confusa en el que de momento no entraremos. Lo que si haremos es constatar un dato. La proximidad, lo conocido y sabido, el notum in se (conocido en si mismo o en su propia naturaleza) es todo lo que importa cuando es la evidencia aquello que es tangible. Todo lo que reconozcamos en ello y a ser posible por alguien será lo correcto. Si a ello sumamos el principio aristocrático emancipador de soberania popular y la praxis conciliadora y recurrente a partir de una doctrina universal entonces es cuando parece que todo esta hecho. Por otro lado si se trata de nivelación existenciaria hemos de tener en cuenta los factores que entran en acción sin atacar la idea de valor, pues entonces estariamos frente al nihilismo farsante y enemigo y tampoco podemos entrar en ello a partir del concepto actual de superconciencia que ya es global y lo domina todo.
En ese contexto estamos, y lo fácil es recurrir a los puntos sensibles; al naturalismo psicológico y sobre todo social, a la influencia del vitalismo biológico disfrazado de teoría científica y en general a toda esa cultura que no es ni elitista ni vulgar. Deberiamos preguntarnos que lugar ocupa en todo ello la libertad de conciencia y la libertad individual como verdadero nexo dialéctico en el que focalizar nuestros miedos y esperanzas de futuro. Por algo el hombre aparte de su autosuficiencia se caracteriza por su capacidad de ordenación y clasificación gernerales y en esa cuestión también aparece la lógica de la oposición a lo establecido.
Fue a partir de Sócrates que descubrimos la docta ignorancia como el equivalente a un estado de apertura del alma frente al conocimiento, a una disposición. A una disposición al conocimiento superior al mismo conocimiento con un fin último, recuperar la experiencia original. Así que frente a la disposición y la lógica de la oposición se nos presenta la objeción, y podemos adelantar que la pieza angular de ese propósito es la ocultación a partir de grandes artificios formales. El paso siguiente es el eclepticismo cultural y comparativo a partir de la observación. En ese sentido pongo dos ejemplos: a) el dios Odín, b) los griegos. En el primer caso Odín señor-mago y chamán representa al mismo tiempo el cruce entre la cultura indoeuropea y la cultura norasiatica de raices chamánicas. En ese cruce es donde la mayoria de los dioses germánicos representan a nombres de fuerzas naturales y a gigantes personificados y divinizados y por ese motivo poseen el conocimiento de los grandes secretos sagrados a la vez que son fundadores de linajes y guardianes de tesoros. En el siguiente caso; Grecia donde gracias a la victoria contra los persa nace el optimismo y clasicismo del siglo V (a.c) bajo la inteligente tutela de Pericles. En ambos casos estas dos fuerzas motrices se generan a partir de una oscuridad inicial y en ello es básica la idea de constatación y acción temporal que es como en definitiva se construye la historia. a partir de aquí la expansión y el principio de una nueva era, palabras mayores desde donde se reorganizan las fuerzas en tensión y el juicio se adapta a las circunstancias con una diferencia conclusiva en cada caso.
Es el camino que aprovecha la objeción de conciencia para sorprendernos con su capacidad reproductora de contra-análisis. No hay más secreto que ese y por eso a partir de aquí hablamos de escrutinio y conductivismo que más tarde se traduce en activos allí donde se emplean. Esto choca en cierta medida con lo que entendemos por pensar horizontal y transcendentalmente pero sólo en el sentido estructural del término ya que siempre acabamos aprovechando ese paisaje; en el fondo animista y vertebrado en esfera. Por eso, para algunos lo que queda es el alma noble que es quien da la cara frente a lo eterno. Ese discurso que representa la cognición moderna ha de bastar para estos paladines de la pureza. Entonces y sólo entonces, es cuando se rompe la relación de ese devenir que a estas alturas sólo contemplamos como necesario pero no como verdad absoluta. Con ello, rompemos de una vez con el materialismo histórico y también con la idea fascista de que el individuo es el fin y la sociedad el medio (el caso de la destilería nazi; la de un Führer interpretando el alma del pueblo aunque no fuera bajo el prisma de una norma sino de la existencia). Todo un proceso de concretismo representado por el estado, el movimiento y el pueblo. Lástima que no superara la prueba del algodón. Tenia ante el, el producto espontáneo de la historia; el romanticismo como esencia del hombre donde todo eso ya había sido superado por su propia iconografía revalorizante (religión, lenguaje, poesía, tradición) por cuanto había en el mundo de irracional.
Y es que todo cambia y también lo hace el alma del mundo y con ello nuestras categorías temporales, por eso no hay que cumplir lo que dicen las escrituras en todo caso ponerlas a prueba. lo mismo ocurre con el concepto de caos y orden que no tienen porque enfrentarse de forma apocalíptica tras un derroche de apariencia marcial. De hecho creo que eso sólo ocurre en los pueblos primitivos, en zonas virgenes y en culturas chamánicas básicas. Pese a ello importa saber aquí que esta dislocación cultural es precisamente el método a seguir. Aquello que permite al poeta ocultar con facilidad el mensaje en el grado en que cada cultura se encuentre. Basta con desplazarse por el campo semántico y virtual para asegurar esa comunicación vital.