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El museo.

Actualizado: 28 may 2021


Si el modelo cultural hoy en día es la transversalidad esto se debe, principalmente, a dos factores o corrientes de pensamiento. Por un lado, la corriente mecanicista de tipo probabilista (la que existía antes del modelo impuesto por la Revolución Francesa); y por el otro, el modelo racionalista. Esa lectura que nos puede llegar a nosotros como un esquema dual ha desaparecido para integrarse en un único discurso. Así, a grandes rasgos; de la primera, se toma su modelo descriptivo; y de la segunda, su método, técnica y procedimiento. Este es, a grandes rasgos, el modelo actual de museo. El representado, por un lado, por la toma de conciencia de una determinada élite social y cultural en su momento; y por el otro, la puesta en marcha de esa idea en función del modelo de nación o territorio, junto con la debida cuestión patrimonial.

Sin embargo, podemos percibir esa actitud ilustrada como algo grotesco hoy en día (en realidad, así es) pues sucede que frente a ese modelo epistemológico no existen muchas variables. Como muy bien apunta José Luis Brea, el museo aspira a establecer una definición genérica y universalizada de la misma condición humana siendo su objetivo la producción del sujeto universal y la producción misma de lo público. En ese sentido, podríamos hablar de una historia que nos acerca a un mito. Estamos hablando, evidentemente, de un mito identitario cargado de simbolismo político y educativo. Si le sumamos a ese simbolismo, la imagen de una institución cognitiva donde se manejan conceptos de percepción, memoria y aprendizaje; podemos pensar que de la mezcla de inmutabilidad y organicismo llegamos a un impredecible resultado. Y no nos engañemos en ello, el museo como toda institución es parte de ese maremagnum de gentes que se dejan llevar por esa autopista llamada inercia, queramos o no.

De acuerdo, si al igual que otros medios culturales ese esta siendo el esquema cultural; lo adecuado es pensar que ese, también, será el espacio de coherencia y legitimización del objeto museístico tanto desde una visión neoliberal como progresista. En el fondo, la historia del museo es la historia de un vodevil, una historia de conveniencias y desavenencias en función de por donde sopla el viento. Hay poco de autenticidad en ello. Didier Maleuvre, nos recuerda que la historia es censura, esto es, una tarea de inautenticidad. Por eso, como toda máquina cultural se considera admisible todo aquello que tiene un valor implícito sobre lo que podemos medir con absoluta objetividad. Y eso, en términos de fenómenos o acontecimientos. Esto es, en definitiva, lo que significa ser autentico. Saber lo que somos en todo momento.

Así,por poner un ejemplo, en el Diccionario Soviético de Filosofía las palabras autenticidad y veracidad se presentaban como categorías de la lógica y de las teorías del conocimiento. En su lucha contra la orientación idealista, el marxismo veía en esa autenticidad una lucha contra los convencionalismos, contra el uso de determinadas formas de lenguaje y contra los fundamentos del pensamiento en función de la naturaleza o la razón, y de su relación con el hombre. Afortunadamente, de esa visión crítico-comunal ha quedado poco; pero, lo poco que queda podría verse reflejado en algunos aspectos del pensamiento museístico actual. Esto es, la búsqueda del quehacer. La búsqueda de un mundo que el hombre necesita hacer, necesita explicarse a si mismo, necesita empezar de cero y del que necesita, en definitiva, superar su propia condición. Todo esto, evidentemente, tiene algo de apocalíptico, de caos primordial y de retorno a los orígenes. Pero más allá del sujeto revolucionario que dio pie al museo moderno en la Revolución Francesa a partir del concepto de igualdad, responsabilidad y destino histórico de la nación; queda ahora la cuestión de la certeza y de la confianza depositada en ello. Ahora también, sabemos que no nos equivocábamos. Que estamos en el buen camino. No es este el alegato de un integrado, como decía el señor Eco en su libro Apocalípticos e integrados, sino el de alguien que, en su lugar, se enfrenta al determinismo, a la impostura categorial y a un pretendido feliz desenlace de nuestras instituciones.

Referencias bibliográficas:

Juan Carlos Linárez Pérez, El museo, la museología y la fuente de información museística. (Versión digital) ACIMED v.17 n.4 Ciudad de la Habana abr. 2008.

Sebastián Alejandro González Montero. Arte, mercancía y mass-media: entre regímenes de la estética y la política. (Versión digital) A Parte Rei, Revista de filosofía, mayo 2008.

José Luis Brea. El museo contemporáneo y la esfera pública. (Versión digital) aleph-arts.org/pens/public.html

CENDEAC. Didier Maleuvre. Memoria del museo. Historia, tecnología, arte. (Versión digital).

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